Diputada Elisa Carrió

Ahora Lilita Carrió tiene razón. Le está reclamando al ministro Juan José Aranguren, a quien estima y valora por su sinceridad, que se detenga con los aumentos de tarifas que viene aplicando desde diciembre de 2015.

Carrió sabe que el problema no es el ministro. Entiende que la decisión es del propio Mauricio Macri.

Los voceros de la líder de la Coalición Cívica agregan a la inquietud de la diputada un dato inquietante. Dicen que parte de los fuertes aumentos van directo a la recomposición del precio de la energía, pero otra parte es dinero que las empresas exigen cobrar ya, a cambio de no presentar un juicio internacional en el CIADI. Es que pretenden saldar cuanto antes la enorme deuda que los gobiernos de Néstor y Cristina dejaron sin pagar.

“Son los empresarios amigos del Presidente. Deberían esperar su turno para cobrar un tiempito más, así el tarifazo no se termina comiendo el 20 por ciento de los ingresos de una familia tipo de clase media”, precisan.

El reclamo de Lilita es pertinente y oportuno. Todas las encuestas que mandó a pedir el Gobierno, y los estudios independientes también, demuestran que la inflación y el miedo a perder el trabajo en un contexto de incertidumbre, son las preocupaciones de los argentinos.

Carrió le pide al Presidente lo mismo que le solicita el jefe de la Unión Cívica Radical y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, pero con otros modales.

El reclamo de Carrió parece más genuino. Menos impostado. No persigue obtener más cargos, sino hacerle entender al jefe de Estado que las subas tienen que ser más suaves y escalonadas.

El jefe de Estado está enojado con Carrió porque el domingo 8 de abril pasado, en La Cornisa, le diputada anticipó que si ella fuera Presidente le hubiera pedido a Aranguren la renuncia, después de que el ministro dijera que traería sus ahorros que se encuentran en el exterior una vez que terminara de recuperar su confianza en la Argentina.

Macri es un tipo con suerte. Casi todos los días existen, en la Argentina, asuntos que terminen desviando la atención de la preocupación por la economía. Asuntos como Cristóbal López, Lázaro Báez, Cristina Fernández, la intervención del Partido Justicialista, la detención y liberación del exgobernador de Jujuy Eduardo Fellner o los misteriosos vuelos de Milagro Sala al exterior.

Los ministros del área económica del Gobierno y el jefe de gabinete, Marcos Peña, intentan tranquilizar a la interna de Cambiemos. Todos ellos aseguran que lo peor ya pasó y que la segunda mitad del año la inflación bajará, y los salarios van a terminar empatando la carrera.

Macri les envía otro mensaje. Les dice en la cara o les manda a decir que en vez de criticar hacia afuera le envíen planes y propuestas coherentes. Explica que el aumento de tarifas no tiene como motivación castigar a los argentinos, sino poner en su lugar una variable que estaba distorsionada. “La energía es uno de los bienes más caros del planeta. En vez de quejarse por lo que cuesta hay que cuidarla, como hace el resto del mundo“, sostiene.

El Presidente les comunicó oficialmente que estudiaría todas las alternativas, menos la de dar marcha atrás con el compromiso de bajar el déficit.

Macri recomienda a sus aliados de Cambiemos que recuerden el teorema de Raúl Baglini. Es un exdiputado radical que acuñó la idea de que cuanto más alejado del poder se está más demagógicas y delirantes son las propuestas. O al revés: cuánto más cerca uno se encuentra de las decisiones oficiales más responsabilidad se tiene y se siente en los momentos de ponerle la firma a un decreto o una resolución.

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Source: Infobae – Ciudad